Engaño colectivo

engaño colectivo

Engaño colectivo

En España, desde el 20 de diciembre, sufrimos una suerte de engaño colectivo, propiciado por el líder de los socialistas, Pedro Sánchez y permitido, de manera harto sorprendente, tanto por el resto de actores políticos como por la mayoría de los medios de comunicación, consistente en hacer creer que el PSOE podría llegar a formar Gobierno, primero de progreso, luego transversal, ahora quién lo sabe.

Este sainete tuvo su primer acto la noche misma de las elecciones, en la sede de los socialistas en la calle Ferraz, allí, Pedro Sánchez, en lugar de reconocer que habían cosechado el peor resultado de la historia reciente del PSOE y que con los exiguos 89 diputados socialistas no se podía aspirar nada más que a rearmarse en la oposición. En lugar de poner su cargo a disposición del partido, disolver la ejecutiva federal y encomendarse a una Gestora que tuviera como misión salvarnos de la insignificancia en la que llevamos sumergiéndonos varios años, nos informó satisfecho de que habíamos hecho historia, sin que apenas nadie se lo discutiera.

El segundo acto del sainete fue convencer del engaño al Jefe del Estado para que le encargara a Pedro Sánchez, sin ningún acuerdo ni visos de poder alcanzarlo, la tarea de intentar formar gobierno, algo para lo que contó con la inestimable ayuda del gallego Rajoy, que, ejerciendo de tal, no dijo ni sí, ni no, sino todo lo contrario: declino la invitación, Su Majestad y me voy tranquilo a La Moncloa a seguir leyendo el Marca que tengo la agenda muy despejada. Tampoco en este caso hubo nadie que se lo discutiera, pese a que la aritmética parlamentaria y las líneas rojas previamente establecidas por unos y por otros, dejaban claro que esta sería la primera investidura fallida de la democracia.

El tercer acto del engaño se nos pasó entre reuniones públicas, reuniones secretas a la vista de los fotógrafos, carreras por los pasillos del Congreso, mensajes vía Whatsapp, puyas tuiteras y ruedas de prensa, muchas ruedas de prensa, a toda hora ruedas de prensa, eso sí, vacías de contenido, sin solución alguna para los acuciantes problemas que ahogan a una gran parte de los españoles, todo ruido mediático y pocas nueces de pacto. En tiempo de descuento de la consulta/tomadura de pelo a la militancia socialista, Sánchez y Rivera alcanzaron un gili acuerdo -por lo corto del mismo y por su corta eficacia al sumar ambos tan solo 130 insuficientes diputados- que presentar como un hito en la historia de la democracia española, tapiz épico incluido. Aquí tampoco, ni los medios de comunicación, ni la opinión pública, tuvieron mucho que objetar.

El cuarto acto, que muchos creíamos que sería el último, que es la crónica de una investidura fallida, se produjo cuando en primera votación Pedro Sánchez no consiguió sumar a sus 130 apoyos ni un solo sí más, cosechando un coro rotundo de noes; y en segunda, logró que cambiara la intención de voto, la friolera de una diputada alcanzando 131 síes como 131 soles, frente a 219 noes, fracaso absoluto. Pero tampoco en esta ocasión hubo un clamor popular, ni siquiera mediático, clamando porque Pedro Sánchez dejara de tomarnos el pelo con sus pactos, primero de izquierdas, luego de progreso, después transversales y finalmente de lo que sea, por caridad.

Estamos ahora en un quito acto, algo que, si no fuera por esta suerte de engaño colectivo en el que hemos decidido sumirnos la sociedad española, no tendría ningún sentido. Un quinto acto en el que Sánchez se pasea por España como próximo Presidente del país, siendo recibido incluso en Catalunya, como tal, sin que nada haya cambiado en la aritmética parlamentaria, que ya la noche de aquel lejano 20 de diciembre, reservó un asiento en la bancada de la oposición para el PSOE de Pedro Sánchez.

No es posible un pacto con Podemos y el resto de fuerzas de la izquierda porque eso supondría gobernar presos de los secesionistas catalanes -secesionistas insisto, que no es lo mismos que independentistas, que de estos ha habido siempre, pero de los primeros, solo padecemos ahora- y es algo que ni el Comité Federal le permite a Pedro Sánchez, ni los 137 años de socialismo defendiendo la igualdad entre españoles haría siquiera imaginable.

No es posible un pacto con Ciudadanos porque no alcanza para gobernar sin la abstención del PP, que ya ha dicho que ellos han ganado las elecciones, que tienen 123 diputados y que no están dispuestos a que segundos y cuartos los manden a la oposición. Pero tampoco es posible este pacto con Ciudadanos con la abstención de Podemos, que dice, con buen criterio, que los postulados liberales de la nueva derecha no son compatibles con un programa netamente de izquierdas como debería ser el del PSOE y como creen ellos que es el suyo.

No es posible, finalmente, la gran coalición con la derecha, porque si, finalmente, se pusieran de acuerdo PSOE, PP y Ciudadanos, sería siendo Mariano Rajoy Presidente, que es el que ha obtenido más votos y escaños en las elecciones y para ese viaje, ser comparsas de la unión de dos partidos de derechas, o centro derechas, si se quiere ser generoso, más vale irse a la oposición.

Por tanto, y sabiendo hoy lo que ya sabíamos el 20 de diciembre, ¿cómo es posible que se siga viendo a Pedro Sánchez como presidenciable, se considere que su intento de investidura fue un gesto de responsabilidad, casi algo heroico y nadie se plantee que debería asumir las consecuencias de su doble fracaso, el electoral y el post electoral? ¿Qué suerte de engaño colectivo nos hace ser tan misericordes con quien nos ha mentido generando falsas expectativas, nos ha hecho perder un valiosísimo tiempo que podíamos haber dedicado a solucionar los muchos y graves problemas que aquejan a España y al PSOE y se ha llevado por delante la esperanza de que algo pudiera cambiar para tanta gente desfavorecida que ha sufrido como nadie estos cuatro años de rodillo del Partido Popular?

Síguenos en @Rebeldia_es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *