EUROPA SE VA AL CARAJO

Europa se va al carajo

Europa se va al carajo

Creo que todos estamos de acuerdo que el proyecto de la Unión Europea es un gran proyecto y que debe ser apoyado por cada uno de los ciudadanos europeos. Sin embargo, la evolución que está llevando se parece mucho a la campana de Gauss y ya nos encontramos en la bajada.

Durante toda la construcción de la Unión Europea, liderada por políticos como Kohl, Mitterrand o González, se pusieron los cimientos de un edificio que tenía un fin: pasar de lo económico a lo político, hacer de Europa una unidad política respetando las diferencias evidentes que existen entre cada uno de los países miembros. Se firmaron acuerdos claves como el de Schengen, por ejemplo. Se llegó a la unidad monetaria, primero con el ECU y, tras la firma del Tratado de Maastricht, con el Euro. Se legisló para mejorar el funcionamiento de las empresas dentro de la UE. Existe un Parlamento Europeo donde los grupos parlamentarios no están formados por los países sino por los partidos o las ideologías. Todos unidos. Sin embargo, nos vamos al carajo porque se están dando demasiados pasos atrás.

Europa será Europa si vamos hacia la unidad política, un tema que no está encima de la mesa. La situación actual es un verdadero lastre en la acción de la UE ante las crisis de todo tipo que suelen crearse por la velocidad de los acontecimientos. Un ejemplo clarísimo de esta inacción que provoca la polarización política la tenemos en cómo se ha gestionado la crisis económica o en cómo se está haciendo frente a la crisis humanitaria de los refugiados. Se habla mucho del proyecto común, se utiliza mucho la palabra unidad pero en realidad estas expresiones no son más que eufemismos que esconden la separación más absoluta. La constante anteposición de los intereses nacionales a los comunes es lo que va a llevar a la ruina a la UE. Evidentemente no en el corto plazo, pero sí en el medio. Poco a poco Europa irá perdiendo peso respecto a los Estados y lo que debería caminar hacia una unión efectiva terminará en lo que fue en sus comienzos, a la antigua Comunidad Económica Europea. La campana de Gauss de la que hablé anteriormente.

Cuando hablo de unidad política me refiero a que la UE se transforme en un Estado y no en una unión de países, la transformación del concepto de «club», en el que cada uno de los miembros va a las reuniones con el único interés de defender sus propios intereses sin tener en cuenta el perjuicio que pueda generar en el resto, al concepto estatal. La configuración de una unidad política es la única solución que tiene Europa. No es de recibo que las decisiones económicas del Banco Central Europeo, por ejemplo, deba aprobarse en el Bundestag. No es de recibo que las decisiones políticas tengan que ser aprobadas por los parlamentos nacionales cuando ya existe un órgano, el Parlamento Europeo, que debería ser capaz de ejercer esas funciones.

Todo pasa por la elaboración de un proyecto que se sustente en la creación de un Estado único con carácter federal, del mismo modo en que ya funcionan muchos de los países miembros de la UE. Se puede unificar a un continente pasando del concepto de Estado/País al concepto Estado/Provincia. Lógicamente existen diferencias que son insalvables, sobre todo a nivel cultural, pero ¿no existen esas diferencias en los propios países? ¿Son lo mismo un napolitano y un milanés? ¿Son lo mismo un extremeño y un vasco? ¿Son lo mismo un bretón y un marsellés? ¿Son lo mismo un bávaro o un renano? Evidentemente no. Por eso no habría problema en que todos los Estados dejaran de serlo para formar una unidad real ya que de este modo Europa sí que sería una potencia en todos los sentidos, tendría la capacidad de decisión en los foros internacionales, tendría capacidad de presión frente a otras potencias mundiales tanto tradicionales como emergentes. En el concierto internacional a la UE no se la toma en serio, por mucho que se quiera hacer ver lo contrario. Este hecho viene determinado por la falta de unidad, por la ausencia de políticas conjuntas.

La modificación del statu quo de la UE no sólo afecta al nivel institucional sino también a los ciudadanos, sobre todo a los ciudadanos. Con su configuración actual en Europa hay ciudadanos de primera, de segunda, de tercera y de cuarta categoría dependiendo de los factores socioeconómicos en los que se encuentre el país donde vivan. Existen varias divisiones a nivel territorial. Mientras los países del sur han sufrido con más fuerza la crisis económica, los del centro y el norte se han beneficiado de la misma. En una Europa unida territorial y políticamente eso no habría sido posible, en esa Europa los rescates a Grecia, España, Portugal o Irlanda hubieran sido imposibles ya que el concepto de solidaridad que vertebra cualquier Estado democrático lo hubiese impedido.

La unión política de Europa es el único modo en que se puede salvar el proyecto. Si no se hace así los euroescépticos habrán ganado la batalla por destruir el edificio que tanto esfuerzo ha costado construir. Por eso los actuales líderes de la UE han de ser valientes y dar el paso que es necesario. ¿Lo harán? Evidentemente, no y por eso nos vamos al carajo.

JOSE ANTONIO GOMEZ AUTOR DE JOSAPHAT ENTRE OTROS TITULOS.

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