EVEREST: EL CEMENTERIO MÁS ALTO DEL MUNDO

EVEREST: EL CEMENTERIO MÁS ALTO DEL MUNDO

Hace pocos días los principales medios de prensa internacionales nos sorprendieron con la noticia del hallazgo en el hielo de los cuerpos de los montañistas norteamericanos Alex Lowe y Daniel Bridge, tras 16 años de su desaparición, ascendiendo el Shishapangma, en el Himalaya.
Alex Lowe se hizo conocido en los años 90 en el mundo de los escaladores por varias hazañas como sus numerosas subidas por una de las verticales más peligrosas del mundo, El Capitán, en el parque Yosemite de los Estados Unidos o sus varias incursiones en el Himalaya, con dos llegadas a la cima del Everest y la conquista de las cumbres de varios “ochomiles” (picos de más de ocho mil metros de altura) de la cordillera.
El monte Shishapangma, de 8027 metros sobre el nivel del mar, tenía para Lowe un encanto especial que describió en el blog MountainZone.com como no solo “más bello que el Everest” sino “más interesante” y con “mejor ruta para escalarlo”.
Con semejante motivación, a inicios de octubre de 1999 Alex se unió a Conrad Anker, Daniel Bridge y otros expertos para subir esta montaña. Bridge, camarógrafo especializado en materiales audiovisuales sobre alpinismo, iba a filmar un programa especial para NBC. El grupo pretendía establecer una nueva línea de ascenso, pero una avalancha se les vino encima y aunque el resto consiguió salvarse, Alex y Daniel quedaron sepultados por la nieve y sus cuerpos no pudieron ser encontrados, a pesar de las intensas labores de rescate que se llevaron a cabo durante 20 días.
Más de una década después, a poco de iniciar la temporada en abril de 2016, los montañistas David Goettler y Ueli Steck se encontraron con dos cuerpos dentro de un bloque de hielo mientras escalaban el Shishapangma y como conocían la historia de sus colegas se pusieron en contacto enseguida con Conrad Anker -quien, por cierto, se casó con la viuda de Lowe- y así se iniciaron las labores de rescate que dieron al traste con el regreso a su país de los cuerpos de los dos montañistas, sepultados durante dieciséis años por las nieves del Himalaya.
Pero otros cuerpos que han caído en esa cordillera no han corrido la misma suerte. Un ejemplo de ello es el gran número de cadáveres congelados y visibles en las rutas de subida al Everest, el monte más alto del mundo.
Con sus 8848 metros de altura, el Everest tiene un clima extremo, que va desde los -20 grados en los meses más cálidos hasta los -60 en los más fríos. Según los expertos, a partir de los 8000 metros (de ahí el mito de los “ochomiles”) se entra en la llamada “zona de la muerte” donde la vida corre peligro pues la cantidad de oxígeno respirable es un tercio de lo normal y el cuerpo humano no está preparado para adaptarse a ello, si bien algunas personas lo logran sin botellas de oxígeno, que es lo que regularmente se usa al entrar en dicha zona. Si por algún motivo se viera obligado a dejar de moverse (un golpe, una fractura, congelación, falta de aire, mareos, etc.) es muy probable que la persona muera y además, se hace muy difícil que pueda ser rescatada o auxiliada por otros montañistas si se encuentran en la zona de la muerte. A esa altura no llegan ni siquiera los helicópteros de rescate.
Por estas razones no es de extrañar que más de 250 personas hayan muerto tratando de escalar el Everest. Lo que sí llama la atención es que la mayoría de ellas permanezcan aún en la montaña, no ya las desaparecidas sino cadáveres que yacen a simple vista, en la misma posición en la que perecieron y que incluso, en muchos casos sirven de puntos de referencia en las rutas.
Mucho se ha escrito, por ejemplo, sobre “Botas verdes”, el que se cree sea el cadáver de Tsewang Paljor, un sherpa (grupo étnico del Himalaya y cuyos integrantes suelen ejercer como guías en las escaladas al Everest) que perdió su vida en la nefasta ventisca de 1996 que sirvió de inspiración para la película hollywoodense Everest, del año 2015. Este cadáver, al que se le conoce por sus botas verdes fosforescentes, se encuentra en una especie de caverna de piedra caliza y constituye un punto de referencia en la cresta principal de la ruta noreste de escalada al Everest.
Otra historia que ha dado la vuelta al mundo y que dice mucho de las expediciones al Everest es la del montañista David Sharp. En 2006 el inglés preparó su tercera subida, ésta vez de bajo costo, pues sólo pagó 6.200 dólares a Asian Trecking por trasladarlo hasta el campamento base y desde ahí emprendió la subida sin sherpa, ni balón de oxígeno, ni radio, ni medicamentos, ni nada (existe la teoría de que intentaba batir algún récord). Aun así, se piensa que haya logrado hacer cima, pero en el descenso no pudo más y se sentó justamente al lado del cuerpo de “Botas Verdes”. Durante horas y horas estuvo allí, agonizando, mientras varios grupos de personas pasaron junto a él sin siquiera hacer amagos de socorrerle.
En la madrugada se lo encontró la expedición liderada por Mark Inglis, un montañista doble amputado (por congelación) que se disponía a hacer cima en el Everest con sus prótesis metálicas. A esa hora Sharp todavía tenía signos vitales con lo cual Inglis pidió ayuda e instrucciones por radio a su director en el campamento base, quien le ordenó continuar su misión y socorrerle en el descenso. Semejantes instrucciones fueron titular en numerosos medios de prensa y la naturaleza comercial y viciada de las excursiones al Everest salió a relucir.
No fue hasta nueve horas después que el guía Jamie McGuinnes y el sherpa Dawa, ya en su descenso, se encontraron a Sharp en muy malas condiciones, pero aún con vida. Le dieron oxígeno, pero no fue suficiente. Con las cámaras de sus casos grabaron los últimos momentos de la vida de Sharp, en los que éste logra apenas balbucear: “Soy David Sharp y estoy con Asian Trekking. Tengo mucho sueño”.
Mark Inglis logró su objetivo pero su reputación como montañista se vio empañada por semejante actuación. Un documental exhibido en España por el canal Odisseia relata lo acontecido ese día en la Zona de la Muerte. En él Mark Inglis relata su versión de los hechos.
Pero “Botas Verdes” o “David Sharp” son solo dos entre las decenas de cadáveres visibles del Everest, algunos identificados y homenajeados (aunque dejados en su lugar) y otros sencillamente anónimos. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, la pareja de Francys y Serguei Asentiev, Bruce Herrod, Shiroko Ota y el conocido “Saludador”, entre otros. Un 33% de los muertos del Everest son sherpas.
Everest
2015 fue el año más mortal del monte Everest, con 22 expedicionarios muertos en el campamento base producto del terremoto de gran magnitud que afectó Nepal. Nadie llegó a la cima ese año. Sin embargo, según el Himalayan Times, 464 montañistas planean un ascenso en estos días al pico más alto del mundo. Mientras se escribe este post 200 de ellos avistan ya la cima. Pero cerca de allí, subiendo el Lhotse, el cuarto pico más alto del planeta, murió ayer otro sherpa en un accidente. Cada cientos que llegan, el Himalaya se cobra una vida.

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