Hispanos: una generación, un Presidente.

Hispanos pidiendo voto

Hispanos: una generación, un Presidente.

Incomunicación, desabastecimiento, desorden, suciedad, caos total… en eso se convirtió California durante un día sin “mexicanos” (hispanos), como cuenta la polémica y satírica película de Sergio Arau del año 2004.
Ficción aparte, la población hispana, o de origen hispano, no para de crecer y ganar en protagonismo en la sociedad norteamericana, alcanzando ya los 50,5 millones de personas, o sea, un 13 % de la población del país, con vistas a convertirse en más del 20 % para el año 2030.

Si bien comparten el hecho de tener una lengua en común y una religión mayoritaria, los hispanos en Estados Unidos son un grupo totalmente heterogéneo en todos los sentidos, tanto cultural como económicamente. En los últimos años se hace notable que esa comunidad, la de mayor crecimiento en el país, no sólo cuenta con más recursos económicos que antes sino que cada vez es más capaz de proporcionar una educación a sus hijos y por tanto, de mejorar su estatus económico-social y su capacidad de actuación como colectivo, lo cual los convierte en un centro de atención para el business y la política.

Según un estudio del Pew Research Center publicado en enero, en las elecciones de este año podrán votar 27,3 millones de hispanos (40% más que en las de 2008), de los cuales los adultos entre 18 y 35 años, o sea, los llamados “Millennials”, constituirán casi la mitad y con los mejores índices de educación hasta el momento. Cada mes, 50.000 jóvenes hispanosllegan a la mayoría de edad, con lo cual el porcentaje de votantes de ese origen debe ascender para estos comicios a más del 11 % del electorado general.

Sin embargo y a pesar de su fuerza creciente, múltiples factores restan poder al voto hispano, al que muchos llaman “el gigante dormido”. En materia electoral, la primera “minoría” de los Estados Unidos va a la saga de otros grupos étnicos. Primeramente, hay que destacar que los “Millenials” hispanos, al igual que sus generaciones predecesoras, se registran en menor número para votar, en especial si los comparamos con otros grupos de la misma edad, como por ejemplo, blancos y afroamericanos. Además de los indocumentados, que no tienen derecho al voto –ni a nada-, muchos hispanos carecen de una cultura política y ciudadana que les conduzca a formar parte activa del electorado. En general, el 52% de la población hispana o no llega a la edad de votar, o no tiene la ciudadanía aún para poder hacerlo.
Mapa del voto latino
Por otra parte, los hispanos se suelen concentrar en estados específicos –Nuevo México, Arizona, Texas, California, Nueva York y La Florida-, de los cuales, los que albergan a más de la mitad de esa comunidad no suelen ser los que definen el resultado final. En otros estados en donde comienzan las primarias y suelen marcar tendencia, como hemos visto en Iowa o New Hampshire, el voto latino no llega al 5 %.
Sin embargo, en sitios como Colorado, Nevada y Florida, que se espera vuelvan a ser estados clave en la carrera por el trono de la Casa Blanca, los hispanosconstituyen más del 14% del electorado, con lo cual cuentan con un poder del que no son del todo conscientes, si bien esta realidad está cambiando.
Los resultados de los últimos comicios demostraron que hoy por hoy todo candidato que aspire a la presidencia deberá contar con buena parte del voto hispano. Así ocurrió con Obama, que se agenció el 75% del sufragio de esa minoría en todo el país.

¿Republicano o demócrata?

Tras su elección en 2008, uno de las primeras muestras de retribución del presidente negro hacia la comunidad hispana fue el nombramiento de Sonia Sotomayor, nacida en el Bronx e hija de puertorriqueños, como la primera juez hispana del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, y quien se ha convertido en una influyente personalidad dentro de la comunidad. Posteriormente, en 2012, Obama aprobó la Ley Dream, que otorgaba residencia temporal a los jóvenes indocumentados, como paso previo a la “Green card” permanente y de la cual se beneficiaron 2,1 millones de personas que cumplían con el requisito de haber llegado a los Estados Unidos antes de los dieciséis años, ser menor de treinta y llevar al menos cinco residiendo en el país, sin tener problemas con la justicia. La reforma sanitaria fue otro elemento que le concedió escaños, ante la carencia de cobertura médica que sufre la esa comunidad. Sin embargo, una verdadera reforma migratoria sigue sobre la mesa y Obama tampoco pudo cumplir con la disminución de deportaciones, a pesar de lo cual consiguió la reelección en 2012, otra vez con apoyo hispano mayoritario.
Aunque un buen porcentaje de esta minoría votaba “republicano”, por cuestiones de principios morales y religiosos y en aspectos clave como pronunciarse contra el aborto o el matrimonio homosexual; otros factores han ido ganando mayor importancia para definir el voto, como la economía, el empleo, la educación, la salud y la emigración.
Por otra parte, también han sido definitorias las últimas campañas electorales, sus estrategias y sumas invertidas en ganarse el apoyo de esa comunidad. Bien lo dijo el propio Karl Rove, estratega de campañas republicanas y ex asesor de la Casa Blanca: “los hispanos son aliados naturales de los conservadores y el partido está condenado al fracaso si los aleja”.

Pero al multimillonario Donald Trump, uno de los actuales candidatos a la presidencia por el Partido Republicano, esta afirmación parece traerle sin cuidado y no sólo ha ofendido públicamente a la identidad mexicana –que constituye una amplia mayoría en la comunidad hispana- sino que ha declarado su intención de levantar un gran muro en la frontera, para evitar que lleguen los emigrantes y con ellos el crimen, las drogas y las violaciones; muro que además deberá ser costeado por el gobierno de México.

Las reacciones ante semejante ofensa no se hicieron esperar desde dentro y fuera de esta comunidad, desde Marc Anthony o el presidente Obama hasta el propio Papa Francisco –primer Papa latinoamericano- quien declaró que ese hombre “no es cristiano”.

Pero otros candidatos republicanos se han percatado de la importancia del voto latino y se han pronunciado abiertamente por ganarlo, como Jeb Bush -quien abandonara la campaña el pasado fin de semana-, exgobernador de la Florida y hablante fluido del español o el candidato de origen cubano Marco Rubio.

De hecho, otro récord de esta campaña electoral será la presencia, por primera vez, de dos candidatos republicanos a la presidencia de los Estados Unidos de origen latinoamericano.

¿Hispano vota Hispano?

Ante la presencia de candidatos como Ted Cruz o Marco Rubio, ambos de origen cubano, muchos pudieran pensar que al menos uno de los dos cuenta con el apoyo mayoritario de esa comunidad, que apostaría por poner en la Casa Blanca, como Obama para los afroamericanos, al primer presidente latino de los Estados Unidos. El tema, en cambio, tiene varias aristas. Ted Cruz, perteneciente al ala más conservadora del Partido Republicano, famoso por sus críticas al “Obamacare”, sus posiciones de derecha férrea y su cero tolerancia a la emigración ilegal, no parece mostrar el más mínimo interés en ser él mismo definido como “latino” y la comunidad, a su vez, no parece reconocerle como uno de ellos. En cambio, Marco Rubio ha jugado mejor sus cartas en ese sentido, a lo que contribuye también el haber lanzado su carrera política en la ciudad de Miami, zona de influencia de los cubanos y que suele definir el voto de Florida, un estado que quita y pone presidentes. Allí, el voto cubano suele estar dirigido al candidato republicano que más mano dura prometa contra el gobierno de Cuba, aunque este panorama también empieza a cambiar en las nuevas generaciones, que en gran medida han acogido con júbilo el acercamiento diplomático con su país de origen. Por otra parte, existe un criterio bastante difundido entre la comunidad latina y es que un cubanoamericano no sería un verdadero representante de los hispanos en Estados Unidos. Por cuestiones meramente políticas, los cubanos cuentan con el trato migratorio preferencial que les da la Ley de Ajuste –vigente desde hace cincuenta años- y otras normativas, lo que les asegura una buena acogida y por tanto un estatus socioeconómico en promedio más alto que el de la mayoría de los latinos.

A pesar de ser menos que otros grupos hispanos, los cubanos gozan de una fuerte influencia en la vida política de los Estados Unidos, no sólo por haber contado con toda la clase rica y con vínculos al gobierno de Batista que se llevó el capital a Miami tras el triunfo revolucionario de 1959, sino también por estar concentrados principalmente en un solo estado, La Florida, el cual controlan a sus anchas. Una prueba de ello es que desde 1996 hasta hoy todos los alcaldes de Miami han sido de origen cubano.

A pesar de constituir menos del 1% de la población del país, los cubanoamericanos ocupan ocho escaños en el Congreso y cuentan con tres senadores federales. Además, políticamente, la emigración histórica cubana tiene un matiz distinto al del resto de los hispanos, cuya realidad está desprovista de semejantes privilegios en la nación del Norte. Si bien, no por ello puede afirmarse que Marco Rubio no logrará hacerse con una parte del voto latino, especialmente en Florida, hasta el momento los sondeos favorecen al Partido Demócrata como mayor receptor del voto de esa comunidad en todo el país.

¿Clinton o Sanders?

Cuando el pasado diciembre un mensaje de la campaña de Hillary intentaba ganarse la simpatía de la comunidad atribuyéndole a la candidata los rasgos de una típica abuela latina, los resultados no pudieron ser más fracasados. El hashtag viral en Twitter #NotMyAbuela se burlaba de ese coqueteo de la Clinton con los jóvenes votantes latinos como un gesto frívolo y poco sincero. Sin embargo, hasta el momento, parece ser que la Clinton es la candidata preferida de la mayoría de la comunidad latina, no sólo por ser más conocida que su oponente, sino también por sus importantes relaciones con las élites latinas, su apoyo a continuar las promesas de Obama en materia de emigración o el buen recuerdo que dejó la presidencia de su marido, especialmente en materia económica. Pero Hillary no puede dar por sentado un voto que no le es incondicional. Una muestra de ello fue el caucus de Nevada, de fuerte presencia latina, en donde consiguió una apretada victoria con respecto al otro aspirante al trono demócrata, el desconocido hasta entonces Bernie Sanders, quien la derrotó ampliamente en New Hampshire.

El mensaje de Sanders, más enfocado en la desigualdad y la defensa de los derechos de los trabajadores tiene un contenido de mayor conciencia de clase, lo cual ha comenzado a calar entre la comunidad latina más activa y los jóvenes universitarios.

Despertar al gigante.

De cualquier forma, el voto latino dista mucho de ser homogéneo y predecible. La pelea actual es por potenciar la participación de los jóvenes hispanos en la vida política del país y por tanto en las elecciones, si tenemos en cuenta que en los pasados comicios sólo participó el 37,8% de ese subgrupo. Para ello, asociaciones y grupos de todo el país realizan campañas y llamamientos a inscribir a los jóvenes votantes elegibles, así como talleres para explicarles el complejo proceso electoral norteamericano. Tal es el caso de Mi Familia Vota, una “organización nacional sin fines de lucro que busca unir a la comunidad latina y sus aliados para promover la justicia económica y social a través del incremento de la participación ciudadana”. Esta organización cuenta con una fuerte presencia en redes sociales y foros, así como un creciente número de voluntarios.

Por otra parte, con un mensaje más politizado y favorable al partido demócrata u otras corrientes progresistas fuera del esquema del bipartidismo, algunas organizaciones están aprovechando la retórica racista y anti-emigrante de candidatos como Trump, para promover la importancia de acudir a las urnas.

En un anuncio una madre latina convoca a su hija a votar “para cerrarle la bocota a Trump” y en otro aparecen imágenes en blanco y negro de rostros sonrientes a la vez que la voz del multimillonario habla sobre cómo estas personas son las responsables de la droga y el crimen. Al final del anuncio, los personajes son identificados y entre ellos se encuentra el astronauta de la NASA José Hernández. Un cartel cierra: “Nuestro futuro está en juego. #NaturalizeNow. Conviértete en ciudadano hoy”.

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