Jóvenes expatriados: no queremos volver.

Jóvenes expatriados: no queremos volver.

Entre 2008 y 2013 dejaron el país más de 130.000 personas, jóvenes expatriados, nacidas en España de entre 19 y 39 años y con nacionalidad española. Este dato solo recoge aquellos españoles que deciden registrarse en la embajada o en el consulado en el nuevo país de residencia, un trámite administrativo que, si bien da facilidades en el país de acogida, quita la posibilidad de, por ejemplo, ser asistidos por su médico de cabecera cuando vuelva a casa (sin comentarios).

Los líderes políticos y los medios de comunicación han puesto de moda a los jóvenes expatriados; nos usan como arma arrojadiza cada vez que se presenta la ocasión. Que si los jóvenes expatriados se han tenido que ir por la falta de oportunidades. Que si a los jóvenes expatriados nos han robado el voto en un pucherazo. Que si hay una fuga de cerebros…, que si …, que si … Todo siempre contado por alguien que, curiosamente, no suele tener mucha idea de lo que significa ser joven expatriado y que ha resuelto su problema dedicándose a la política, o sea, en la mejor de las tradiciones hispanas: todo hay que cambiarlo para que nada cambie.

La gente percibe a los jóvenes expatriados, y se nos describe en los medios, como si fuéramos unos pobrecillos y pobrecillas que estamos deseando volver a España en cuanto haya crecimiento económico y que nos hemos ido por mor de las circunstancias, es más, por las políticas desarrolladas hasta el momento. Puede ser que si, que muchos se hayan ido por esta razón pero otros, los más, nos hemos marchado por el irrespirable ambiente social y cultural que se respira en “una España que muere y en otra que bosteza” como decía Machado. Parece bastante descabellado asegurar que los jóvenes expatriados estamos deseando que cambie el gobierno para volver. Está claro que algunos de estos jóvenes volverán, es inevitable, pero hay que preguntarse seriamente, de verdad, si alguien cree que una persona que se ha adaptado a Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón o Colombia va a volver corriendo en cuanto le ofrezcan un sueldo mileurista porque en estos países “hace mucho frío” o “están muy lejos”.

Pienso que muchos de los que no han podido emprender en España, que cansados de un nepotismo que no decaerá con los nuevos partidos, no hay mas que observar algunos tics, no vamos a volver. Estamos aprendiendo fuera que es posible sobrevivir sin tener “padrinos políticos”, que hay vida más allá de la Administración Pública y que hay lugares en los que la gente compite y se mide según sus méritos, no por sus orígenes.

Por lo general, los jóvenes expatriados estamos encantados de la oportunidad que tenemos o hemos tenido de salir de ese minúsculo país en el sur de Europa que algunos creen que es el centro del universo porque hay jamón, sol y playa, a pesar de las enormes dificultades a las que uno se enfrenta en un país lejano.

Ojalá mas jóvenes tuvieran la valentía de salir al extranjero, aprender idiomas, costumbres y comportamientos distintos, trabar amistades y relaciones con otras gentes y otros pueblos, y volver a conectar a España con el resto del mundo. Es más, ojalá fuera obligatorio. Ojalá los nuevos dirigentes apoyaran la internacionalización de nuestra juventud, no solo de nuestras empresas, pusieran el Servicio Exterior a trabajar para asesorar y apoyar, a los jóvenes que llegan, en muchos casos, con una mano delante y otra detrás. ¿Dónde está la guía, el video, del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para ayudar, asesorar, a los jóvenes que se marchan? No se ha hecho, no hay dinero, se ha gastado en ese engendro mal llamado promoción de la marca España que ha servido, principalmente, para promoción de directivos y conocidos.

Pienso que siempre se van los más valientes, los más capacitados, los que por una u otra razón perciben que hay vida más allá de Gran Hermano y del politiqueo. De todos mis amigos y amigas, conocidos y conocidas, un buen número viven en el extranjero, y vienen y van en un trasiego continuo propio de una generación globalizada. De mis cerca de 200 contactos españoles en Facebook, 90 viven o han vivido en el extranjero. Nada mas y nada menos que un 45%.

Los jóvenes expatriados somos de todo tipo, clase y condición, por si alguien cree que solo los privilegiados salen al extranjero: investigadores, ingenieros e ingenieras, cooperantes, emprendedores y emprendedoras, activistas, pijos y pijas, proletarios de los suburbios, clases medias, hombres, mujeres…

Mi amigo Alberto, de Madrid Sur, emigró a Roma y emprendió un pequeño hostal en la ciudad eterna; Miguel, de Legazpi, emigró a Texas y es investigador contra el cáncer; yo mismo abandoné un puesto de trabajo fijo en la Administración Pública debido al irrespirable ambiente laboral, a la ineficacia, y nepotismo en la jefatura, para venirme a Estados Unidos, a Seattle. Me vine con dos mil dólares ahorrados y después de bastante sacrificio y trabajo duro, hoy dirijo un próspero negocio.

Para terminar, olvídense de nosotros, no nos usen para sus campañas, para sus anuncios navideños sensibleros, trabajen para construir un país donde la gente pueda emprender y emanciparse, ser independiente del estado y de las empresas que viven de la demanda pública y al que poder volver si nos apetece. Un país en el que el mérito y la capacidad sean las herramientas para prosperar, con un mercado abierto a todos y en el que no se abuse fiscalmente de los pequeños emprendedores e inversores. Un país conectado al mundo, abierto, tolerante y solidario y en el que los ciudadanos no esperen del estado mas que aquello a lo que está obligado: asegurar la igualdad de oportunidades, el respeto y cumplimiento de la ley, la protección en caso de necesidad y mejora de las condiciones de vida, protección y defensa del patrimonio común (medio ambiental, cultural y territorial), promoción de la autonomía personal y de la creatividad: artística, científica, empresarial … En fin que haya vida mas allá de la política.

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