Una lectura diferente de la liberacion de Palmira

Palmira

Una lectura diferente de la liberacion de Palmira

Cada conflicto tiene un lenguaje y unos símbolos. Cada conflicto tiene sus propias particularidades y leyes. Cada conflicto es una lucha sin cuartel para imponer el propio discurso sobre aquellos que no lo comparten. Por eso se dice que los vencedores escriben la historia pues solo la retórica del vencedor pervive.

La liberación de Palmira es uno de estos extraños símbolos propios del lenguaje de la guerra. La captura de estas ruinas patrimonio de la Humanidad significa algo más que la recuperación de unos importantes monumentos, más que la toma de otra ciudad de las manos del Daesh, algo más que un hito estratégico en el conflicto de Siria.

La liberación de Palmira es la materialización de la superioridad moral del mundo civilizado frente a la barbarie, un anticipo de las victorias que estan por llegar y un soplo de ánimo frente a los terribles acontecimientos que presencia el mundo, desde Mosul hasta Bruselas pasando por las costas griegas.

Y en este caso se trata de un símbolo de especial relevancia retórica porque lo han logrado las tropas alauítas de Assad, apoyadas por Rusia, y también por Irán. Es decir, por esos países y grupos que tanto nos hemos esforzado en tildar de bárbaros, inmorales y enemigos de todo lo que nos es amado a los occidentales, por el simple hecho de no cuadrar en nuestro obsoleto discurso colonialista.

No voy a entrar en una discusión espúrea ni llenar esta página de propaganda pro-occidental para tapar el hecho de que nosotros, los pueblos “libres y democráticos”, no hemos dado la talla en diversas ocasiones durante el conflicto de Siria: ni hemos sabido escoger aliados locales o regionales, ni hemos sabido gestionar las crisis humanitarias y de refugiados, ni mucho menos hemos sabido derrotar al Daesh sobre el terreno. Me quedo con la cara de estupefacción de diplomáticos y generales occidentales frente a la liberación de Palmira.

Por el contrario, la mayoría de los actores relacionados con Rusia han salido beneficiados de la situación, a pesar de las severas dificultades que han enfrentado. El régimen de Asad, por una parte, se presenta a las negociaciones de Paz con un poderoso respaldo a su mensaje de lucha contra el terrorismo al haberse marcado el tanto de la liberación de Palmira del Daesh. Por otra parte, Irán ha salido de su asilamiento político internacional y el régimen de sanciones tras una negociación fructífera sobre su programa nuclear, comienza a renovar su sociedad civil y ha fortalecido su presencia regional en Irak y Líbano, asi como en Yemen.

Finalmente, dedicaré unas palabras a la impecable campaña rusa en Siria. El gigante eslavo ha logrado llevar a cabo una campaña corta, relativamente barata y extremadamente efectiva. En primer lugar, ha conseguido el objetivo de devolver a Assad a una posición preponderante en el escenario sirio. También ha recobrado la iniciativa para la facción alauíta, que ha basculado a una posicion ofensiva y ha comenzado a recuper terreno frente al ISIS. Además, ha rearmado a su aliado local con sistemas antimisiles avanzados S-400 que dificultan sobremanera una campaña aérea contra el régimen de Asad si fracasan las negociaciones por parte de actores regionales (Turquía o los Estados del Golfo Pérsido) o globales. Los norteamericanos por el contrario no pueden armar a la oposición con este tipo de sistemas avanzados porque existe un alto riesgo de que terminen en manos de radicales islámicos.

Si los objetivos anteriormente mencionados no fueran suficientes, la campaña rusa ha logrado debilitar ligeramente a la oposición, y severamente al Daesh, en especial su infraestructura de tráfico de petróleo a través Turquía. En definitiva, tal y como ya se dijo en el artículo “retirada o fin de una era”, Rusia ha retomado claramente su papel de potencia principal en el nuevo sistema mundial unimultipolar. El próximo martes se volverá a analizar el conflicto de Siria, esta vez con mayor profundidad.

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