Medio ambiente y negocios, ¿qué podemos hacer?

Medio ambiente y negocios, ¿qué podemos hacer?

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Desde la revolucion industrial, los estándares de vida han mejorado sin pausa a cambio de un deterioro constante de las condiciones medioambientales. Hoy sabemos que este “aumento sin precedentes de las amenazas medioambientales contra nosotros y las futuras generaciones” nos lleva a un desenlace insostenible, irreversible y catastrófico. Es en nuestro mejor interés cambiar nuestro modo de vida si queremos sobrevivir. Pero, ¿cómo podemos hacerlo? ¿Es posible mantener nuestros altos estándares de vida sin dañar la Tierra aún más? ¿Es suficiente no dañar la Tierra? Aunque todos hemos contribuido a la degradación del medio ambiente, en este artículo para Rebeldía me voy a centrar en la capacidad de los negocios para ayudar o dañar el medio ambiente.

En primer lugar, los humanos somos parte de un conjunto interrelacionado e interdependiente de organismos y ecosistemas. Cualquier acto que llevamos a cabo nos afecta a nosotros y también a todo lo que nos rodea. Estamos conectados y somos parte de un ecosistema que hemos estado devastando durante los últimos 100 años, y por tanto destruyéndonos a nosotros mismos.

Las corporaciones y negocios, en sus esfuerzos por conseguir beneficios a corto plazo, han fallado en darse cuenta de las consecuencias negativas que sus decisiones pueden tener sobre las personas y el medio ambiente a largo plazo. Por ejemplo, la actividad de la industria europea de manufactura de gorros de castor durante el siglo XVIII llevó a las poblaciones de castores a una situación cercana a la extinción en Estados Unidos. La desaparición de los castores produjo la desecación de innumerables lagunas y charcas, además de otros daños en los ecosistemas que dependían de las mismas. No solo las charcas desaparecieron por la falta de conocimiento sobre la interrelación entre los negocios y el medio ambiente, sino también la industria manufacturera de gorros de castor. Si los responsables de esta industria hubieran analizado su modelo de negocio y sus efectos sobre el medio ambiente detenidamente, podrían haber preservado su industria y continuar produciendo gorros de castor.

El evidente impacto de los negocios en el medio ambiente ha auspiciado la aparición de nuevos estándares éticos de producción. Desde los años sesenta han surgido diferentes aproximaciones teóricas a la protección y restauración del medio ambiente, como el movimiento conservacionista. Un ejemplo son las ideas de Rawl y Attfield, a los que se les atribuye la idea de que no deberíamos “dejar la Tierra peor de lo que la encontramos”. Paralelamente, este conocimiento ha conllevado una tensión en el mundo de los negocios que se articula en el argumento de William T. Blackstone según el cual los humanos solo tenemos “el derecho a algo o a hacer algo cuando ese algo es esencial para permitirnos vivir”. Esta tensión lleva a la siguiente cuestión: ¿Podemos tomar o hacer lo que necesitamos sin dejar la Tierra peor de lo que la encontramos?

El daño que hemos causado al medio ambiente desde la revolución industrial es inmenso y requiere un esfuerzo de limpieza a escala masiva para alcanzar nuestros objetivos medioambientales. El argumento de Blackstone es un ideal al que debemos aspirar, pero para el que aún no disponemos de los medios necesarios. En la actualidad sería imposible mantener nuestros niveles de vida y otros derechos humanos sin contaminar la Tierra. En su lugar debemos utilizar el argumento de Blackstone como una inspiración para nuestros futuros negocios y centrarnos en los desafíos de mantener nuestros estándares de vida al tiempo que cuidamos de la Tierra.

Aunque aún no disponemos de todas las respuestas sobre cómo podemos mantener el nivel de vida y cuidar del medio ambiente, el examen de estas cuestiones ha mejorado el modo en que los negocios funcionan durante las últimas décadas. Por ejemplo, en años recientes los negocios han comenzado a calcular el precio de las externalidades medioambientales como parte de su análisis económico y a estudiar como equilibrar las necesidades del medio ambiente y de los negocios. Una de las conclusiones de este análisis económico ampliado, conocido como aproximación mercantil o empresarial a la protección medioambiental, es que la internalización de los costes ambientales y sociales por los productores se traduciría en precios más altos para intermediarios y consumidores. Esto significa que los beneficios que muchos negocios anuncian son de hecho a costa del planeta.

La aproximación mercantil estudia también otras cuestiones: ¿Cuál es el nivel óptimo de eliminación de la contaminación? ¿Cómo puede un negocio manejar la tensión creada entre sus expectativas mínimas y las necesidades del medio ambiente? ¿Cómo se puede modificar la estrategia empresarial para menejar responsablemente los recursos de los ecosistestemas en los que operan los negocios?

Durante las últimas décadas las corporaciones han concentrado sus políticas medioambientales en aspectos que son buenos para el medio ambiente y buenos para su negocio – producir cambios en las políticas medioambientales de la empresa cuando los costes son al menoscubiertos por los beneficios. El problema con este tipo de filosofí empresarial es que algunos de los asuntos medioambientales mas graves requieren políticas a largo plazo con poca y ninguna tasa de retorno a corto plazo.

Algunos de los costes y beneficios ni siquiera pueden medirse. Por ejemplo, las consecuencias de no actuar frente al cambio climático son inmensas, y muchas industrias – como la industria manufacturera de gorros de castor – pueden dejar de existir o tener costes de operación tan altos que futuras inversiones seas inviables. Este futuro medioambiental inestable – cuasado por la acción humana – crea una situación en la que las inversiones de negocio deben incluir análisis de riesgos catastróficos y consecuencias irreversibles e integrar los costes adicionales y las medidas preventivas en el modelo de negocio.

En la actualidad, los negocios deben tener en cuenta el impacto que están teniendo sobre el medio ambiente. Esto no debe hacerse exclusivamente por los motivos éticos y morales descritos mas arriba, sino porque el futuro de los negocios descansa sobre la capacidad del medio ambiente de sostener la actividad económica. El medio ambiente, la economía y la vida humana son interdependientes y deben ser parte de nuestro pensamiento estratégico para negocios actuales y futuros. Como mínimo, debemos garantizar la sostenibilidad medioambiental – no consumir recursos renovables a un ritmo superior al que se regeneran, ni generar mas contaminación de la que el medio ambiente puede absorver. En el mejor de los casos, podemos desarrollar negocios que reviertan la destrucción ambiental del pasado siglo y nos ayuden a prepararnos frente a los crecientes riesgos del cambio climático, mejorando el medio ambiente para las personas y los negocios durante el próximo siglo.

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Environment and businesses: What can we do?

Since the Industrial Revolution, the standards of human life have greatly improved. At the same time, the standards of the environment have rapidly declined. We now know that this “unparalleled increase in the environmental threats to ourselves and to future generations” are leading to an unsustainable, irreversible, and catastrophic outcome. It is in our best interest to change the way we want to live if we want to survive. But how can we do it? Is it possible to keep our high living standards without further damaging the earth? Is simply not damaging the earth enough? Although we have all contributed to environmental degradation, in this paper I will focus on the ability that businesses have to help or harm the environment.

Humans are part of an interrelated and interdependent set of organisms and environments. This means that every action that we take does not solely affect us, humans, but everything around us. We are connected to and a part of an eco-system that for the past 100 years we have been devastating, and thus we have been destroying ourselves.

Businesses, in its effort to achieve short-term benefits, have failed to see the negative consequences that their decisions may have towards people and the environment in the long term. For example, the activities of eighteenth-century European manufacturers of beaver hats led to the near extinction of beaver in the United States. The lack of beavers led innumerable swamp lands to dry up, critical elements of the eco-system in which they are connected. Not only did the swamps dry up as a result of this lack of understanding of the interrelated nature of business and the environment, but the beaver hat industry as well. If the beaver hat industry would have carefully analyzed their business model and its effects on the environment, they may have been able to preserve their industry and continue producing beaver hats in the future.

From this, new ethical standards for human production have emerged. Since the 1960s, several theoretical approaches to protecting and restoring the environment have developed – the environmental conservation movement. For example, Rawls and Attfield’s ideas that we should “leave the world no worse than we found it”. At the same time, this new understanding has led to a new tension that is articulated by William T. Blackstone’s statement that humans have the “right to a thing when that thing is essential in permitting him to live a human life”. This raises the question: Can we take what we need and leave the world no worse than we found it?

The damage done to the environment since the Industrial Revolution is immense and requires a massive scale of clean up to achieve our ideal goals. Blackstone’s argument is an ideal that we should strive for, but one that we do not yet have the means to fulfill. Today it would be impossible for us to maintain our living standards and other human rights without polluting the earth. Instead, we must use Blackstone’s argument as an inspiration for our future endeavors and focus on the challenges of maintaining our living standards while supporting the earth.

Even though we do not yet have all the answers about how we can live and support the environment, the examination of these questions has improved the way that businesses function in recent decades. For example, in recent years businesses have started to calculate the costs of environmental externalities as part of their economic analysis, and to study how to balance the needs of the environment and business. One of the main conclusions of this extended economic analysis, known as the market approach to environmental protection, is that internalization of environmental and social costs by producers would translate into higher prices for businesses and consumers. This also means that the profits that many businesses claim are in fact at the expense of the planet.

This brings us to the question that many businesses are facing today. What is the optimal level of pollution removal? How can businesses manage the tension created between their bottom line and the needs of the environment? How can we shift our business strategy to include the management of the most important asset we have – the environment that we operate in?

For the past several decades, corporations have focused their environmental business policy on things that are good for the environment and good for their business – environmental changes when the cost is equal to its benefits. The trouble with this approach is that some of the most pressing environmental issues need long term policies that will cost more than their short term return will be.

Some of the costs and benefits are not as measurable. For example, the consequences of not acting on climate change is immense, and many industries – like the beaver hat industry – will find that they will cease to exist or have such a high cost of operation, that future business will be unlikely. This unstable environmental future – caused by human actions – creates a situation in which business ventures must include catastrophic and irreversible consequences and integrate additional costs and preventive measures into their business model.

Today businesses must take into account the impact that they are having on the environment. This is not only for the moral and ethical reasons outlined above, but because the future of business rests on the capacity of the environment to sustain our business activities. The environment, economy and human life are interdependent and must be a part of our strategic thinking for existing and future business ventures. At a minimum, we must focus on environmental sustainability – we must not deplete renewable resources faster than we can replace them, we must not create more pollution that the environment can absorb. In the best cases, we can develop business that reverses the environmental destruction of the past century and help us to prepare for the increasing risks associated with climate change, making the environment for people and business better for the next century.

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