Obama: ¿el Eleguá yanqui de Cuba?

Cuba y Obama

Obama: ¿el Eleguá yanqui de Cuba?

Representado como un niño travieso con un “garabato” (un palo con una joroba en la punta), Eleguá es uno de los siete orishas principales del panteón Yoruba de la religión afrocubana. Es quien abre y cierra los caminos, el destino, las puertas de la vida, la prosperidad, la felicidad o la desgracia. Su nombre significa “el mensajero príncipe” y es muy venerado por los seguidores de estos cultos sincréticos.

Es por ello que ante esta visita a Cuba del presidente Obama, negro y con cara más bien infantil o jocosa, se han desatado las alegorías. Algunos lo dicen en puro sentido directo: “Obama es nuestro Eleguá porque abre los caminos”, refiriéndose a cómo ante la visita del presidente, arreglaron las calles y fachadas de La Habana. Otros juegan más con el símbolo y evocan el futuro, los caminos de ida y vuelta entre ambas naciones, el levantamiento del embargo, el mejoramiento de la vida de los cubanos. De forma general la comparación ha sido bien acogida, como se reciben los buenos chistes o las ideas ingeniosas en Cuba, y como tal ha cundido.

Ileana Yarza y la carta de obama

Pero hay algunos que van más allá, adentrados en los caminos de esa religión africana y sincrética, y aseguran que el número uno de la Casa Blanca es verdaderamente “hijo” del orisha (o sea, que la deidad es su ángel de la guarda, su protector) y como tal ha sido el encargado de ejecutar una voluntad superior sobre el destino de ambos pueblos. Una prueba de ello podría ser, aseveran, la combinación de rojo y negro (los colores de Eleguá) con que vistió toda la familia la noche de su elección como presidente.

Lo cierto es que Obama ha cautivado a los cubanos lo mismo que ese niño travieso con su garabato. Ya lo consiguió desde que tuiteara ¿Qué bolá, Cuba? (saludo cubano callejero) o apareciese en un video de una llamada telefónica a Pánfilo (interpretado por el actor Luis Silva), el humorista del momento en la Isla, a quien luego incluso visitó para aprender a jugar dominó”.

Viajar con su familia -suegra incluida- también le ha anotado puntos al presidente en un país donde la familia juega un rol esencial y por supuesto, lo ha hecho el carisma y la gracia de su esposa e hijas, una de ellas traductora improvisada de su padre con un excelente castellano que utilizó en esta ocasión para entenderse con los cubanos de a pie.

Un ejemplo de ello fue durante la comida familiar en el paladar San Cristóbal, recomendado por Beyoncé y Jay-Z, amigos personales del presidente. “Esperábamos a una alta personalidad, pero no nos imaginábamos que sería el presidente Obama”, declaró Raiza Pérez, la dueña de este restaurante ubicado en la céntrica calle San Rafael, en el corazón habanero. “Lo mejor fue que al bajarse, él saludó al pueblo”. Afuera, lo aclamaban los vecinos como hicieron con la propia Beyoncé o Mick Jagger.

Con bromas, slang cubano, halagos al pueblo de Cuba y reconocimiento a sus capacidades de resistencia y supervivencia (los cubanos están orgullosos de ello), Obama ha alcanzado el estrellato en la Isla caribeña, otrora enemiga acérrima. Tras casi sesenta años de diferendo, la invasión yanqui a Cuba ha venido de la mano de un afro-americano carismático y simpaticón, que apostó sus cartas a ganarse el corazón de los cubanos… y lo ha conseguido.
Pero como diría Pánfilo, eso “tampoco es difícil”. Los propios cubanos aseguran ser gente abierta y jocosa, fácil de seducir por un extranjero que demuestre respeto, afecto y conocimiento de la cultura cubana. Si además comparte las raíces africanas, baila, gusta del béisbol y el humor y cita a José Martí, el deslumbramiento está garantizado, sin importar las sutilezas políticas.

Tourists and local residents take pictures as U.S. President Barack Obama (not pictured) tours Old Havana with his family at the start of a three-day visit to Cuba, in Havana March 20, 2016. REUTERS/Carlos Barria      TPX IMAGES OF THE DAY
Tourists and local residents take pictures as U.S. President Barack Obama (not pictured) tours Old Havana with his family at the start of a three-day visit to Cuba, in Havana March 20, 2016. REUTERS/Carlos Barria TPX IMAGES OF THE DAY

Desde antes de la visita, el presidente norteamericano ya se había ganado la simpatía de buena parte de la Isla, especialmente a partir del famoso 17D (17 de diciembre de 2014) en que se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Desde entonces ha sido un no parar.

Ileana Yarza, una cubana de La Habana, cuenta su admiración por Obama, desde antes de ocupar el trono de la Casa Blanca: “No por ser una importante personalidad estadounidense, sino por ser un presidente encantador cuya amplia sonrisa conquista corazones”. Por ese motivo le envió una carta que no sólo no pensaba que le llegaría, sino que nunca hubiese imaginado que el presidente iba a contestar. En elle le invitaba a su casa a tomar “un cafecito”, conociendo la noticia de su visita a la isla y sus intenciones de conocerle personalmente. Aunque tal encuentro nunca llegó a efectuarse, la cubana se considera parte de la historia de este acercamiento entre ambas naciones, al recibir una respuesta del presidente:
Estimada Ileana:
Gracias por sus amables palabras. Agradezco su apoyo a lo largo de los años, y espero que esta nota – que le llega a través del primer vuelo de correo directo entre Estados Unidos y Cuba en más de 50 años – sirva como un recordatorio de un nuevo capítulo brillante en la relación entre nuestras dos naciones.
Espero con anticipación visitar (La) Habana para promover esta relación y destacar nuestros valores compartidos, y espero tener tiempo para disfrutar una taza de café cubano.
Sinceramente,
Barack Obama.

Del mismo modo, hay otros tantos cubanos marcados por la visita del presidente de una forma u otra, y en general de forma muy positiva. Ernesto Rodríguez, dueño de un hostal en la ciudad de Santa Clara, no podía creerlo cuando recibió la invitación a participar en un encuentro que tendría el presidente Obama con cubanos emprendedores, un nuevo sector social en el cual Estados Unidos se ha mostrado muy interesado y que hasta hace poco tiempo no era muy bien tratado por las autoridades cubanas.

Lo mismo ha ocurrido con el béisbol y la participación de cubanos en equipos profesionales, lo que hasta fecha muy reciente estaba prohibido en la isla. En esta visita de Obama, el presidente acudió al Estadio Latinoamericano de la capital junto a su homólogo Raúl Castro y en lo que fue una imagen histórica, ambos presenciaron el juego entre Cuba y los Tampa Bay Rays -hasta el quinto inning- junto a la familia del mandatario del norte y otras figuras prominentes de ese deporte de ambos países. El juego fue otra victoria para los norteamericanos (4-1).

Con su visita, su encanto, sus palabras osadas a la vez que respetuosas, el presidente de la nación más poderosa del mundo ha librado esta última batalla él solito y ha salido airoso. En Cuba, algunos le han bautizado como San Obama y se habla también de la Obamanía. El primer presidente negro de los Estados Unidos logró lo que ninguno de sus antecesores: echarse al pueblo cubano en un bolsillo a base de gracia y carisma, sin disparar un tiro ni desarrollar una operación gigantesca. Su discurso del “cambio” es hoy una demanda en Cuba, con lo cual Obama aparece como ese mensajero de futuro, de paz, que ganó las elecciones americanas en 2008.

Devotos o no del culto afrocubano, la figura de Eleguá parece venirle perfecta al presidente ante la vista de los cubanos. Ese niño negro, travieso, mensajero de lo que está por venir, abre -y cierra- los caminos y las puertas. Está por ver a dónde llevan éstos al pueblo de Cuba…

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