Relevo en UGT: a buenas horas.

Relevo en UGT: a buenas horas.

En unos días, del 9 al 12 de Marzo, se celebrará el 42 congreso de la UGT. En este acto se pretende acometer una reducción de federaciones, de las seis actuales a tres. Se pretende, también, como desde su fundación, acercar el sindicato a los trabajadores y reorganizar la estructura para hacer más efectiva la Acción Sindical. Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo hay un hecho que por infrecuente, se produce cada 20 ó 30 años, como la aparición de un cometa, llama la atención: el relevo del Secretario General.
Nada ha dicho la organización de democratizar la participación, un afiliado un voto, ya nos costó un delegado un voto, reducir y controlar los gastos inútiles y suntuosos, comidas, viajes innecesarios, luchar contra la corrupción, se han producido sonoros casos de malas prácticas y peor gestión, y mucho menos de integrar a los miles de sindicatos que por incapacidad para prestarles un paraguas campan a sus anchas por las empresas y los sectores del país.

Relevo en la UGT.

Tal y como ha anunciado la propia Confederación el día 12 de marzo habrá un nuevo Secretario General al frente de la Organización. Tres candidatos se presentan para la sustitución de Méndez: Pepe Álvarez, actual Secretario General de la UGT de Cataluña, Miguel Ángel Cilleros de la Federación del Transporte y Gustavo Santana, Secretario General de la UGT de Canarias.
Así las cosas, es hora de despedir a Méndez y de decirle algunas cosas que considero importantes para llevarse en su mochila, es parte del bagaje de toda una vida dedicada a la clase obrera, una vida de sacrificio y esfuerzo que en un país como el nuestro nunca apreciarán en su justa medida.
Tengo que ser honesto y decir que la vida sindical es dura debido a la dedicación que una organización tan diversa exige. No es la defensa de los trabajadores, ni la política, alta o baja, sino el mantenimiento del puesto. Muy pocos saben de las horas muertas en viajes inútiles que se despilfarran para satisfacer el ego o mantener el apoyo de un simple responsable en cuyas manos está el puesto de uno. Cuantas veces acompañé a Méndez a ferias y festejos a los que teníamos que asistir sin que tuvieran nada que ver con la actividad propiamente sindical, entendida ésta como la defensa de los intereses de los trabajadores.
Le recuerdo dicharachero y con una mente ágil y despierta (era capaz de dar un discurso de una hora y media sobre un tema que le habia explicado en el trayecto del tren de Madrid a Córdoba), gustoso de contar anécdotas e historias con esa jocosidad jienense que, tengo que reconocer, me proporcionaba momentos, a veces, de risa incontenible.
Recuerdo el entierro de un compañero al que asistimos en un pequeño pueblo en el que los vecinos, al ver a toda aquella troupe de hombres de negro, eran los tiempos de las cazadoras de cuero, con gafas de sol bajándose de los coches, era un día de invierno pero soleado, se encerraban en sus casas asustados. Aquel día, lo reconozco estuvo brillante. Se leyó una poesía un tanto pueril y bucólica delante del féretro que estaba envuelto en una bandera raída de la UGT; el poema hablaba de un obrero con el que se topó Jesucristo y éste le preguntaba por su duro trabajo, y recuerdo que al terminar el acto, en el restaurante en el que paramos a comer, siempre parábamos en restaurantes a comer, me preguntó qué me había parecido el acto. Yo, que me tomaba muy en serio nuestras conversaciones, le dije que si en lo sucesivo el sindicato iba a celebrar actos así lo mejor seía institucionalizarlo y, por ejemplo, verter las cenizas del finado en algún lugar simbólico: una obra, un aeropuerto… y me contestó con esa gracia que aún no he olvidado: sí claro o en un restaurante, un bar, un puticlub… en fin en lugares en los que nuestros dirigentes pasaban algunos ratos.
En aquel viaje o en otro, para el caso es lo mismo, nos reimos a carcajadas, muchas veces lo haciamos, comentando la anécdota de aquel jardinero de un ayuntamiento, miembro de una ejecutiva, que siempre pedia cocochas para comer o aquel otro que siempre comia merluza en las comidas de trabajo y yo le decia:
– Estos van a dejar el Cantábrico como un desierto, no saben que los obreros no tenemos enzimas para digerir eso, la monda.
Recuerdo también que le gustaba la Historia Sagrada y no me extrañaba porque la vida sindical recuerda mucho a los “Hechos de los Apóstoles” y en especial a esa reunión que se produjo en Jerusalén entre Jacobo, Pedro y Pablo por la conversión de los gentiles y en la que las discrepancias se solventaron con la exigencia por parte de Pedro de recibir dinero de los creyentes no judios, se suponía que para los pobres. Así se resolvían muchas de las negociaciones, especialmente con las instituciones. Liberados, dinero para campañas de dudosa utilidad etc. En esto se comportaba como si no fuera con él, al fin y al cabo, no era él quien firmaba tales acuerdos aunque el provecho fuera para toda la Organización. Esta actitud siempre me sorprendió, era capaz de librarse de todas las situaciones incómodas o problemáticas como si no fueran de su incumbencia. Yo, sin embargo, me “comía” muchas de ellas sin comerlo ni beberlo, cuestión de carácter. En esto, ahora que lo pienso, se parece a Rajoy, en ambas organizaciones han caído todos sus dirigentes mientras que ambos, Méndez y Rajoy, se despiden librándose de toda responsabilidad.
Sabía también rodearse de verdaderos escuderos, eso sí, ahora que se jubila, deberá reconocer que no eran lumbreras, y sabía, también, desprenderse de cualquiera que tuviera un poco de conocimiento o pensamiento autónomo, otra de las habilidades que siempre me sorprendió de él. También se lo comenté en alguna ocasión y me contestaba que era lo que había en la Organización y que con esos mimbres había que fabricar el cesto, bonita excusa, pero entendible. Al no haber procedimiento ni criterio de selección, la elección de dirigentes es como una fecundación en el barro, no llega el mejor sino el que mejor se desenvuelve en el medio. Debería cambiar eso antes de irse, seria su gran aportación al movimiento sindical.
No he tenido oportunidad de preguntarle, desde mi dimisión, a la que mas adelante me referiré, ya que no hemos mantenido ningún encuentro, las razones que le llevaron a aliarse con aquel otro eminente político que llegó a Presidente del Gobierno y al que excepto él, Méndez, todo el mundo menosprecia: José Luis Rodríguez Zapatero. Aquella alianza acarreó como principal fruto un R.D. por el que todos los bienes incautados a la UGT por la dictadura de Franco desaparecieron sin cuantificar y sirvieron para pagar la enorme deuda que provocó la PSV. También un cambio del artículo 135 de la Constitución, los mayores recortes conocidos por la joven democracia española y un despilfarro populista nunca visto, todo un desecho vamos. Aprovecho para pedir, también, que en su testamento político nos dé alguna pista de aquella fructífera relación, sobre todo para algunos de los trabajadores confederales que por arte de birlibirloque llegaron a altos cargos de la Administración. Intuyo que fue su amistad con esa otra eminencia, en este caso del periodismo, al que el país le debe tanto, la causa de tan íntima amistad, el Sr. Garcia Ferreras. Vaya delantera: Méndez, Ferreras y Zapatero. Un trío así no podía llevar más lejos a El Pais de lo que lo llevaron.

Despedida.

Este escrito no es para criticarle, sino para despedirle, ahí quedan los derechos de los trabajadores, la afiliación y presencia sindical en los centros de trabajo, el prestigio y la imagen del sindicato, como hitos de su gestión, pero no quiero desaprovechar la oportunidad de afearle su conducta en el momento de mi dimisión.
En primer lugar quiero que sepa que nunca quise, ni deseé, sustituirle. La Secretaria General, para la que tuve ofertas de algunos de sus más íntimos apoyos, no era y creo que no es plato de buen gusto. Se necesitan personas especiales para ejercerla y yo nunca me consideré especial. Siempre fui leal a su persona y por supuesto a la Organización, jamás hice nada que pudiera perjudicar o ensuciar el nombre de la UGT como bien se sabe. La campaña que con ayuda de su amigo Ferreras, ese gánster de la comunicación , y las malas artes de aquella compañera, Concha Espinosa ( D´os la tenga en su Gloria), provocaron contra mi persona y mi prestigio siempre formarán parte de los ignominiosos vericuetos de los que mucha gente hace uso para conseguir o mantener el poder. Nunca oculté ninguna actividad pública a la Comisión Ejecutiva Confederal ni a la Organización porque entre otras cosas las que ejercí sirvieron para que se formaran decenas de jóvenes, muchos de los cuales eran afiliados o para que muchas otras personas encontraran un empleo. Aprendí de este episodio a no poner la mano en el fuego por nada y por nadie, vaya lo uno por lo otro. Pelillos a la mar.
La razón verdadera de mi dimisión quedó explicada en la carta que dirigí a la Organización, pero reconozco que pesó mucho el espectáculo que dió en el 37 Congreso, del que prefiero no acordarme para no avergonzarle (después de todo fué coherente con su trayectoria).
Le deseo lo mejor en su nueva etapa, como jubilado, y espero que la UGT sepa encontrar el camino para volver a ser un instrumento esencial para la defensa de los trabajadores. A pesar de todo nunca he dejado de sentirme un sindicalista.

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