Vivir sin dinero I: Heidemarie; dar y recibir

Heidemarie

Vivir sin dinero I: Heidemarie; dar y recibir

Mientras los medios de comunicación de todo el mundo se hacen eco de una de las más grandes filtraciones periodísticas de la historia -Los “papeles de Panamá”- que revela cómo importantes personalidades, empresarios y en general personas con mucho dinero esconden sus fortunas en paraísos fiscales; hay seres humanos que han decidido prescindir de moneda alguna en sus vidas… y lo han logrado.

En Rebeldia.es estaremos compartiendo varias historias reales y actuales de este tipo, así como su repercusión, desde la creación de grupos y talleres para ponerlo en práctica en forma de experimento, hasta el llamado Moneyless Manifiesto y cómo estas experiencias se van organizando y consolidando de una forma u otra en diferentes lugares del planeta.

Uno de los casos más difundidos -y después olvidado, pues los medios sólo tratan estas historias como excentricidades pasajeras- es el de la alemana Heidemarie Schwermer, cuya iniciativa del “Dar y recibir” ha quedado como filosofía de vida para otras personas y movimientos sociales.

Heidemarie no tomó la decisión en un momento desesperado o difícil, en que le faltara solvencia económica. Psicóloga, profesora y terapeuta, madre de dos hijos, a esta alemana no le escaseaban los recursos materiales y vivía una vida “normal” y acomodada, con casa, coche y cuentas bancarias. Pero este esquema vital le había desilusionado y a los 53 años, en 1996, decidió dar el gran paso, cansada del consumismo absurdo y las desigualdades del mundo actual.

Su idea inicial era probar por un año pero finalmente lo asumió como modo de vida. Vendió su casa y canceló las cuentas, dió el dinero a sus hijos, regaló y donó sus bienes materiales. De un día para otro estaba en la calle, comiendo y durmiendo bajo techo gracias a amigos, conocidos y familiares, a quienes retribuye prestando otros servicios como cocinar, cuidar de los niños, el jardín, mascotas, arreglos, terapias sicológicas, etc.

Por supuesto que semejante empresa en el mundo en que vivimos no ha sido nada fácil. En varias ocasiones, cuenta Heidemarie, se vio sin comer, pasando hambre u otra necesidad. Pero su iniciativa del “Gib und Nimm” (Dar y recibir) empezó poco a poco a surtir efecto y calar en otras personas que del mismo modo buscaban experiencias de vida alternativas y libres. Esta se basa sencillamente en un movimiento de intercambio de servicios, que hoy se ha extendido no sólo por toda Alemania sino también hacia otras latitudes del planeta.

Sus amigos, conocidos y otras personas curiosas la invitan a menudo a prestar algún servicio a sus hogares, incluso fuera de Alemania. En Italia le concedieron el premio Tiziano Terzani, en 2008. Pero, según Heidemarie, no puede quedarse más de una semana en un sitio, pues tiene que “seguir la aventura”.

De esta forma, la alemana tiene un ordenador y un teléfono, ropa, zapatos y otras pertenencias que provienen de regalos e intercambio, llegando incluso a obtener tickets para un espectáculo de ópera. Sus hijos y nietos no comparten su experimento, pero han declarado en varias ocasiones sentirse orgullosos de ella, quien a su vez no pretende imponer su modo de vida sino ser fuente de inspiración para una reflexión sobre lo que tenemos y lo que realmente somos.

En 2001 Heidemarie publicó el libro “El experimento Sterntaler. Mi vida sin dinero” y lo que obtuvo de sus ventas lo donó a organizaciones de servicios sociales y mujeres maltratadas. De este texto, que ha sido muy inspirador, se derivó en 2010 una película documental (Living without money) sobre la vida de la alemana, dirigida por la noruega Line Halvorsen.

La cineasta, quien ha estado viviendo en la Costa Brava española, ha contado como estuvo acompañando a Heidemarie en su vida diaria, de un lado a otro: “Hay gente que la critica y gente que la admira”. Ella misma tuvo sus momentos de duda, confesó. “Pero el tiempo que pasamos juntas me permitió ser su amiga y apreciar aún más su ejemplo. Ella me ha hecho mirarme a mí misma y cuestionarme mis propias actitudes hacia la vida, el dinero, las posesiones.”

En tiempos de crisis, ejemplos como el de Heidemarie calan más hondo y resultan más inspiradores. La propia Line se sintió inspirada y decidió instalarse temporalmente en España, viviendo de la caridad de sus amigos y del intercambio en lo que desarrolla otros proyectos personales de su carrera, derivados de la misma idea central inspirada por la septuagenaria alemana.

En una de sus tantas entrevistas a medios alternativos, Heidemarie intenta explicar en qué se basa su filosofía del “Dar y recibir”:

Creo que debemos cambiar algo en el mundo. La brecha entre pobres y ricos se hace cada vez más grande. Por un lado hay gente muriendo de hambre, y en el otro extremo, se vende un cuadro de Picasso que vale 159 millones de dólares. También está la cantidad de comida desperdiciada. ¡El sistema es una vergüenza! El concepto de “dar y recibir” es una respuesta alternativa a toda esa locura. Con este nuevo sistema todo el mundo empieza a hacerse responsable de sí mismo, del mundo y de otra gente. En vez de competir y envidiar, compartimos, ayudamos a los otros y queremos a nuestros vecinos y a los demás. La idea es hacernos preguntas para conocernos más a nosotros mismos y a los demás. Por ejemplo: ¿qué es lo que realmente necesito? ¿Quién soy y qué es lo que verdaderamente me gusta?”

Todo este experimento comenzó en 1994, en Dortmund, Alemania, cuando la psicoterapeuta y educadora fundó un grupo de trueque llamado “Centro para dar y recibir”. Las experiencias recopiladas en este proyecto le inspiraron a aventurarse ella misma en semejante empresa y probar vivir sin dinero por un año, en 1996. Desde entonces ha sido ese su modo de vida, sin pertenencias, donando su pensión y usando solo pequeñas cantidades de dinero en ocasiones muy especiales y por motivos de viaje.

Llama la atención en la película, disponible en Internet, cómo resulta más fácil de lo que pensamos ponerse de acuerdo con otra persona para concebir un intercambio de productos o servicios. En los talleres que imparte Heidemarie, los participantes y amigos intentan poner en práctica la idea y sorprende ver que, por lo general, les funciona. Consiguen pan, dulces, alimentos e incluso, acceder a un balneario, a cambio de proponer ayuda y brindar los servicios que están a su alcance. La iniciativa sorprende, infunde cierto recelo al principio, pero finalmente el desenlace es positivo.

En sentido contrario, llama la atención también al principio del documental, que muchachos muy jóvenes hablan de la experiencia como imposible e incluso, señalan a Heidemarie como una aprovechada que se dedica a consumir el patrimonio de los demás.

La han llamado loca, aprovechada, antisocial, vaga… de todo. Pero esta septuagenaria alemana no se deja perturbar: “Mi idea es que se acepte que se pueden hacer cosas sin que medie el dinero (…) Soy feliz porque vivo una vida más justa (a mi parecer). Les entrego a otros todo el dinero que me llega a mí. No compro cosas que no necesito (no compro nada, de hecho). Las cosas que necesito vienen a mí de un modo impensado. Tengo mucha confianza en la vida espiritual y eso me hace feliz”.

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